Desarrollo nacional en la globalización (I)

Eduardo Pérez Haro • 08 de agosto de 2017

Para Luis Meneses Murillo

México enfrenta insuficiencias profundas y extendidas que le significan desafíos de grandes dimensiones y le inscriben con dificultad en el mundo contemporáneo. Debilidades de la capacidad y la conciencia que es preciso reconocer para evitar silogismos morales y voluntariosos que descansan en la moral y el deseo muy usado por las clases dominantes que reiteradamente nos espolean con el sí se puede, para echarle ganas sin cuestionar el rumbo y las condiciones de nuestra sumisión secular.

 

Pregonar un desarrollo nacional para México es correcto por ser la dimensión geopolítica que nos corresponde; asimismo corresponde al poblador, organización o gobierno de cualquier nación del mundo. Procurar que el desarrollo nacional sea menos desigual e inequitativo también es el sentido de clase y de los segmentos sociales o colectivos que observan críticamente la desigualdad y la injusticia pugnando por formas más equilibradas en cualquier parte del mundo. Así está bien y en ello estamos.

Estas premisas no tienen discusión y se buscan con apelación a la soberanía de cada caso. El Estado-Nación desde su geopolítica y su particularidad histórica habrá de gestionarlo en la confrontación que le suponen sus fuerzas internas en contradicción y las que se han de asumir frente a intereses y fuerzas externas como parte del mundo que se es.

La delineación del qué y el cómo es resultado de una discusión de la razón social y su soporte político dado por las mismas sociedades de base, colectivos y organizaciones sociales que se agregan alrededor de la defensa de intereses legítimos de la más diversa índole, como ahora se perfila ante los saldos negativos del desarrollo y el mundo globalizado que nos ofrecen una perspectiva de crisis precedida por el bajo crecimiento económico, la desocupación, la propagación de la inseguridad y la violencia envueltos por la corrupción y la impunidad.

La razón social es, como lo indica su sola mención, entendimiento del interés social vinculado a la crítica de los fenómenos mencionados (bajo crecimiento económico, desocupación, inseguridad y violencia envueltos por la corrupción y la impunidad) no es la opinión del pueblo a secas. La opinión de las sociedades de base, colectivos y organizaciones –gremiales– se expresa bajo diversas formas y mecanismos que van desde el desinterés –paradójicamente– hasta la protesta pública o la expresión fundada pasando por la queja, la denuncia y el reclamo en las redes sociales.

Es menester partir de esta fuente y cruzarle por el tamiz del mejor entendimiento de las ciencias que nos aproximan con mayor certidumbre a la ruta de consecución de los intereses subyacentes que venimos destacando como fundamento y sólo bajo este método podremos incidir en profundidad respecto del interés de base donde están todos, en la proporción y relevancia que cada individuo y colectivo asumen dentro del complejo entramado de la sociedad nacional y el país.

México enfrenta insuficiencias profundas y extendidas que le significan desafíos de grandes dimensiones y le inscriben con dificultad en el mundo contemporáneo. Debilidades de la capacidad y la conciencia que es preciso reconocer para evitar silogismos morales y voluntariosos que descansan en la moral y el deseo muy usado por las clases dominantes que reiteradamente nos espolean con el sí se puede, para echarle ganas sin cuestionar el rumbo y las condiciones de nuestra sumisión secular.

Sufrir la desigualdad y la pobreza sirve de caldo de cultivo para la violencia y la impunidad, con lo que se perfilan los asuntos principalísimos por corregir, mas todos sabemos que no dependerá de una reforma fiscal distributiva, ni siquiera de un cambio de los malosos hombres de gobierno por escrupulosos servidores públicos. Sin duda, ambos asuntos se requieren y serán de gran ayuda para un proceso de cambio en las posibilidades del desarrollo nacional y la mejor suerte de los mexicanos, pero ni juntos alcanzan para tanto.

Se dirá que ya se sabe, pero que por algo se empieza, lo que no es más que una frase para salirle al paso a la debilidad o la flojera de adentrarse a una consideración acorde a las exigencias del proyecto que deriva de la acometida que se padece por el accionar de monopolios, corruptelas, discriminaciones y el acoso, ya ordinario, del crimen organizado. Los cambios presuponen gradualidad mas no parcialidad.

El trazo de una estrategia de cambio para encausar el desarrollo nacional requiere afrontar las insuficiencias acumuladas en la capacidad productiva del trabajo social y de la cultura y la conciencia nacionales sin orden de prelación, ambos aspectos son preminentes por su natural interacción y resultante en la generación de riqueza y en la política donde se negocian los tantos de la distribución y su expresión jurídica.

En el sistema del capital y el trabajo se configura una relación económica, política y jurídica que permea al conjunto del Estado-Nación y al singular mundo de hoy, tipificado por la globalización y la preponderancia financiera, donde el entramado interno del desarrollo nacional se estructura desde la contradicción, arreglo o niveles de sometimiento del trabajo o el desempleo a la vez que las condiciones y niveles con que el capital enfrenta a sus competidores de dentro y fuera del territorio nacional, que no en las urnas per se.

La microeconomía de la empresa, grande o pequeña, resuelve, a según, las condiciones de retribución, el salario y sus prestaciones, que compiten contra los márgenes de ganancia, donde su agregado se manifiesta a la manera de la macroeconomía nacional (participación del salario en el producto nacional, precios de los productos, valor del dinero,  finanzas públicas, etc.) y asimismo, se enfrentan a la competencia interna y externa, donde la retribución marca sus órdenes de magnitud y posibilidades de expansión o retracción (balanza comercial, costo de las divisas, deuda, balanza de pagos, etc.) y quien no repara en ello o cree que no importa porque eso viene como colofón o simplemente lo ignora, realmente no tiene punto de apoyo para fundar la estrategia de cambio en las diversas vertientes y aristas que están en la base de funcionamiento de la realidad socioeconómica del país.

Partiendo de estas consideraciones básicas, el diagnóstico que da cuenta de los asuntos por modificar se vincula, por principio de cuentas, a las insuficiencias de los factores en la capacidad productiva (tecnología, infraestructura, calificación del trabajo, organización de la producción, financiamiento y vinculación de mercados) que juegan como los factores más influyentes de qué se produce, cómo se produce, cuánto se produce y para quién se produce, de la competitividad que hace el espacio de la formación de precios, la ganancia y el salario, en el marco correspondiente de la micro y la macro, y cuya consideración no se sustituye con ninguna empresa ejemplar, discurso, promesa, voluntad o buena conducta.

Mas este trazo del cimiento de un proyecto nacional no sólo depende de su ingeniería y armado socioinstitucional, digamos que es un requerimiento fundamental que se elabora y que, por supuesto, no está a la vista, empero, el proyecto nacional en su expresión cabal y necesaria, que ante todo presupone su implementación, requiere tiempo, dinero y un acuerdo político de extendida participación de las sociedades de base, y es aquí donde la economía y la política se funden en toda su dimensión como sucede en todo tiempo y lugar sólo que hasta hoy no se ha sucedido desde la perspectiva del mejor arreglo entre el trabajo de hombres y mujeres y los dueños del capital pues se ha impuesto la dominación del capital en forma preponderante e ignominiosa  y, por ende, tampoco se ha posibilitado el mejor arreglo entre la sociedad y la naturaleza.

 

eperezharo@gmail.com

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